El empobrecimiento tiene
un cuadro clínico muy sencillo:
descapitalización.
Este efecto se puede producir
por muy diversas causas: la destrucción
de vida y de capitales por catástrofes
naturales, por guerras, por falta
de inversión y por saqueo,
producto de las desigual relación
de intercambio comercial. Es innegable
el permanente drenaje
de valor provocado por el sistema
económico de libre-mercado
del Norte sobre el Sur. Este sistema
se las arregla para succionar
el valor producido por el trabajo
– a través del mecanismo
de los precios y en especial mediante
la moderna ingeniería financiera
cuyos expertos provienen
de los países ricos del
Norte, pero que tienen sus agentes
en los países pobres del
Sur. Aunque duela decirlo, esto
es lo que arroja la evidencia,
ante lo cual no tiene mucho sentido
empecinarse. Eso no hará
sino agravar el desigual reparto
de la riqueza producida por el
trabajo. “Mientras
no cambie este sistema económico
neoliberal o sea desplazado por
otro alternativo estamos de alguna
manera condenados a la pobreza”
dicen los empobrecidos. Muchos
de nosotros (clase media de los
países ricos), como consumidores,
no podemos desentendernos de los
productores. Al fin y al cabo
las grandes mayorías de
la clase media son trabajadores/as.
No podemos continuar aumentando
indefinidamente nuestros patrimonios
a costa de empobrecer a la periferia.
Hay que poner en cuestión
la lógica de la riqueza
y para colmo tenemos la crisis
medioambiental. De momento y mientras
el modelo económico no
cambie, lo más inmediato
parece que una parte de lo que
nos sobra debe transferirse al
Sur. La reducción del consumo
beneficiará al planeta
Tierra.
La FRD-CC centra sus esfuerzos
en el desarrollo agropecuario.
En Nicaragua, el campesinado constituye
el 60% de la población
y la emigración a la ciudad
-- huyendo de la pobreza campesina
--, supone una hipoteca sobre
toda la vida, un camino a la pobreza
estructural y la muerte por miseria
(sin retorno). Hay que evitar
ese proceso genocida, que además
deja a la Naturaleza libre para
ser despojada por la economía
canalla. Las mujeres son las primeras
víctimas, pues tienen que
sostener la prole cuando todo
se viene abajo. Los expertos llaman
urbanización a la ocupación
por estos emigrantes campesinos
arrojados por la pobreza a los
cinturones urbanos y la aplauden
como un acontecimiento civilizatorio,
cuando es un escándalo
y una vergüenza del sistema
capitalista.
Las familias campesinas producen
en Nicaragua el 60% de los alimentos
del país, pero las políticas
neoliberales han ido reduciendo
este volumen. Casi un millón
de nicaragüenses salió
para el extranjero en los últimos
18 años desde que terminó
la guerra encubierta de los EEUU.
En el país quedan cerca
de seis millones y 1,5 millones
trabajan fuera. Las políticas
económicas de Nicaragua
han sido impuestas por el FMI,
el BM y los EEUU con sus Tratados
de Libre Comercio (RD-CAFTA) .
Ahora en 2008 se atisban cambios
positivos de reequilibrio, pero
no se han consolidado aún.
En Nicaragua, diversos organismos
han reaccionado, entre ellos nuestra
contraparte, la Fundación
CIPRES (Centro de Investigación
y Promoción para el Desarrollo
Rural y Social). Desde la gran
catástrofe que supuso el
huracán MITCH en 1999 (que
fue reforzada brutalmente para
mayor ruina de la mayorías
productoras, con los Planes de
Ajuste Estructural y el Tratado
de Libre Comercio con los EEUU),
han estado promoviendo
una política de desarrollo
campesino basado en el principio
fundamental de producir en primer
lugar para el autoconsumo y en
segundo término para el
mercado, invirtiéndoles
la lógica neoliberal y
dando prioridad a la lógica
de la economía campesina.
El CIPRES ha condensado
su actuación en el PROGRAMA
PRODUCTIVO ALIMENTARIO
(ver http://www.cipres.org/),
permitiéndonos a la FRD-CC
reciclar y concretar nuestro referente,
que fue ayer la Economía
Popular con un Sector Reformado
de la Economía Nicaragüense,
el cual fue muy castigado durante
los tres gobiernos neoliberales
(Chamorro, Alemán y Bolaños).
En consecuencia, el primer
pilar estratégico de la
FRD-CC es la transferencia de
ayuda financiera, mediante Proyectos
anuales subvencionados por las
Administraciones y otras instituciones,
para la capitalización
del pequeño productor en
Nicaragua, para la producción
de alimentos para el consumo propio
básicamente como medio
de lucha contra la pobreza. Los
efectos de esta política
han sino muy positivos. Las familias
beneficiarias – a través
del protagonismo responsable de
la mujeres – han visto mejorado
su nivel de vida y han ido conformando
cooperativas en casi todas los
Departamentos de Nicaragua (ver
Informe visita de marzo en la
sección de “Cooperación
al Desarrollo” en la página
de entrada de esta Web. Uno de
los resultados de este Programa,
es que hoy todos estos beneficiarios
– unas 3.600 familias --
conforman 101 cooperativas organizadas
en Uniones y Centrales por Departamentos
y en una organización nacional
que es FECODESA (Federación
de Cooperativas para el Desarrollo).