Líneas Estratégicas _3
 

La solución a la pobreza sigue siendo la asignatura pendiente y, hasta ahora, el fracaso de las NNUU es más que evidente. Se hace necesario un análisis más global y directo sobre las causas de la pobreza mundial. Y no serán las instituciones mundiales (FMI, BM, OMC) las que nos den las soluciones. Han fracasado ya demasiadas veces.

Por otra parte, la lucha contra la pobreza parece un sarcasmo en un mundo rico. ¿No deberemos acaso actuar sobre la riqueza; sobre el modo de acumulación? Dejemos que los pobres luchen contra su pobreza y centremos nuestra lucha contra la lógica del enriquecimiento en un mundo donde la suma “enriquecimiento + empobrecimiento = cero”

La sensibilización concebida como una lucha contra el engaño, la desinformación o las medias verdades sigue siendo nuestra herramienta de trabajo, pero también debe ampliarse con la comprensión de las causas de la injusticia y la desigualdad en el mundo. Centrándonos en la lucha contra la pobreza, debemos reflexionar si no será más adecuado cambiar el paradigma y plantear una lucha contra la lógica de la riqueza. Esto estaría justificado por diversas razones, incluso de índole económica.

Mediante la investigación podemos demostrar que resulta hipócrita plantear una lucha contra la pobreza, sin cuestionar a la vez nuestro modelo de vida depredador. La tónica predominante, y que arrastra al personal, es que persigue sin desmayo aumentar su propio patrimonio personal, en una espiral donde los social se extingue. Lo mismo puede demostrarse con el crecimiento del PIB de los países ricos. Este tiende a provocar deliberadamente un déficit de desarrollo de los países pobres y del mundo en general; igualmente, que la acumulación de capital de las multinacionales, se debe al trabajo no pagado de decenas de millones de trabajadores, que producen una cuota de ganancia empresarial a su costa; o que los grandes importadores de materias primas acumulan ingentes masas de valor mercantil, a costa de pagar bajos salarios a los productores y trabajadores, ya de por si empobrecidos; lo mismo, que el trasvase de valor de los países del Sur a los grandes especuladores encubiertos en los fondos de capital financiero y en las Gestoras de Fondos de alto riesgo (hedge funds), que en cualquier momento pueden lanzar un nuevo ataque monetario ...... En definitiva, podemos decir, que las causas de fondo de la pobreza, tienen su explicación en las causas profundas de generación de riqueza financiera, modelo de acumulación patrimonial personal del prototipo de individualismo occidental.

Hace falta un nuevo paradigma que sitúe la necesidad de renunciar al modelo de acumulación patrimonial individual, típico de las clases medias, a semejanza de las elites dominantes. Analizar las causas psicológicas y los móviles inducidos en el sujeto. Vincular esa pulsión a la ansiedad por la seguridad que nunca va a llegar... etc. En suma, una serie de invariantes de la cultura dominante que hemos de erradicar, en busca de otro modelo de bienestar y felicidad; esto podría sustentarse en la riqueza comunitaria y compartida, en el desarrollo de la economía social, en la protección y desarrollo de la riqueza natural y social.

Esta línea estratégica de sensibilización puede ser impulsada, convergiendo con los planteamientos y demandas de las clases pobres del Tercer Mundo y en particular de nuestra cercana América Latina. Es posible imaginar personas libres, que no basan su seguridad en el poder del dinero y la acumulación incesante de patrimonio individual, sino en su creatividad, en su capacidad de comunicar, de pensar y sentir; en su calidad de “ser” y no tanto de “tener”; en su potencial humano como sujetos con proyección social, en lugar de quedar recluidos en su ego espiritualmente empobrecido;………, sin duda viviremos con menos angustias y depresiones, mucho más felices y satisfechos. Lejos de todo idealismo, de todo ascetismo o misticismo, hay que defender la vía del goce y la felicidad en el desarrollo del factor social de la persona, que le es amputado permanentemente por la economía de libre mercado; que lo esclaviza a su individualismo con el opio del consumismo y de la cultura del espectáculo mediático, reduciéndolo al papel de marioneta del sistema.