La solución a la
pobreza sigue siendo la asignatura
pendiente y, hasta ahora, el fracaso
de las NNUU es más que
evidente. Se hace necesario
un análisis más
global y directo sobre las causas
de la pobreza mundial. Y no serán
las instituciones mundiales (FMI,
BM, OMC) las que nos den las soluciones.
Han fracasado ya demasiadas veces.
Por otra parte, la lucha contra
la pobreza parece un sarcasmo
en un mundo rico. ¿No
deberemos acaso actuar sobre la
riqueza; sobre el modo de acumulación?
Dejemos que los pobres luchen
contra su pobreza y centremos
nuestra lucha contra la lógica
del enriquecimiento en un mundo
donde la suma “enriquecimiento
+ empobrecimiento = cero”
La sensibilización
concebida como una lucha contra
el engaño, la desinformación
o las medias verdades sigue siendo
nuestra herramienta de trabajo,
pero también debe ampliarse
con la comprensión de las
causas de la injusticia y la desigualdad
en el mundo. Centrándonos
en la lucha contra la pobreza,
debemos reflexionar si no será
más adecuado cambiar el
paradigma y plantear una lucha
contra la lógica de la
riqueza. Esto estaría justificado
por diversas razones, incluso
de índole económica.
Mediante la investigación
podemos demostrar que resulta
hipócrita plantear una
lucha contra la pobreza, sin cuestionar
a la vez nuestro modelo de vida
depredador. La tónica
predominante, y que arrastra al
personal, es que persigue sin
desmayo aumentar su propio patrimonio
personal, en una espiral donde
los social se extingue. Lo mismo
puede demostrarse con el crecimiento
del PIB de los países ricos.
Este tiende a provocar deliberadamente
un déficit de desarrollo
de los países pobres y
del mundo en general; igualmente,
que la acumulación
de capital de las multinacionales,
se debe al trabajo no pagado de
decenas de millones de trabajadores,
que producen una cuota de ganancia
empresarial a su costa;
o que los grandes importadores
de materias primas acumulan ingentes
masas de valor mercantil, a costa
de pagar bajos salarios a los
productores y trabajadores, ya
de por si empobrecidos; lo mismo,
que el trasvase de valor de los
países del Sur a los grandes
especuladores encubiertos en los
fondos de capital financiero y
en las Gestoras de Fondos de alto
riesgo (hedge funds), que en cualquier
momento pueden lanzar un nuevo
ataque monetario ...... En
definitiva, podemos decir,
que las causas de fondo
de la pobreza, tienen su explicación
en las causas profundas de generación
de riqueza financiera,
modelo de acumulación patrimonial
personal del prototipo de individualismo
occidental.
Hace falta un nuevo paradigma
que sitúe la necesidad
de renunciar al modelo de acumulación
patrimonial individual, típico
de las clases medias, a semejanza
de las elites dominantes. Analizar
las causas psicológicas
y los móviles inducidos
en el sujeto. Vincular esa pulsión
a la ansiedad por la seguridad
que nunca va a llegar... etc.
En suma, una serie de invariantes
de la cultura dominante que hemos
de erradicar, en busca de otro
modelo de bienestar y felicidad;
esto podría sustentarse
en la riqueza comunitaria y compartida,
en el desarrollo de la economía
social, en la protección
y desarrollo de la riqueza natural
y social.
Esta línea estratégica
de sensibilización puede
ser impulsada, convergiendo con
los planteamientos y demandas
de las clases pobres del Tercer
Mundo y en particular de nuestra
cercana América Latina.
Es posible imaginar personas libres,
que no basan su seguridad en el
poder del dinero y la acumulación
incesante de patrimonio individual,
sino en su creatividad, en su
capacidad de comunicar, de pensar
y sentir; en su calidad de “ser”
y no tanto de “tener”;
en su potencial humano como sujetos
con proyección social,
en lugar de quedar recluidos en
su ego espiritualmente empobrecido;………,
sin duda viviremos con menos angustias
y depresiones, mucho más
felices y satisfechos. Lejos de
todo idealismo, de todo ascetismo
o misticismo, hay que
defender la vía del goce
y la felicidad en el desarrollo
del factor social de la persona,
que le es amputado permanentemente
por la economía de libre
mercado; que lo esclaviza a su
individualismo con el opio del
consumismo y de la cultura del
espectáculo mediático,
reduciéndolo al papel de
marioneta del sistema.