Líneas Estratégicas_4
 

Hoy la solidaridad se ha enrarecido. Detectamos dos factores que lo provocan: por una parte la precariedad en el empleo, que lleva a los trabajadores, especialmente los jóvenes, a una permanente búsqueda de un nuevo trabajo más seguro (que por otra parte desaparece del mercado de trabajo, como un dato estadístico macroeconómico). Al no haber seguridad en el trabajo no es posible disponer de tiempo libre. Además el salario tiende a bajar y las necesidades inducidas por el acoso del marketing consumista a subir, produciendo un sujeto angustiado por ganar poder de compra. Este camino conduce a la insolidaridad más allá de lo inmediato. En el mejor de los casos solidaridad intrafamiliar pero sectaria, insolidaridad estructural y social. Contradictoriamente la globalización conduce a una particularización de las relaciones sociales.

Por otra parte, la cultura dominante ejerce una gran influencia a través de su gran poder mediático cuyo resultado es un prototipo de sujeto unidimensional, des-socializado, reforzando a la misma economía neoliberal. La persona pierde su dimensión social y se empobrece como individuo. Queda convertido en un sujeto dócil al sistema, fácilmente manipulable y orientado a la obtención de dinero. La salida que le queda es el dinero y así abraza el neoliberalismo sin darse cuenta que se hunde en el cieno de la competencia cainita y el conflicto personal. Y cuando se rebela y se opone al sistema, sus primeros actos son antisociales porque está privado de un proyecto político. Produce risa la actitud de ciertos científicos sociales que identifican esta cultura mediática con la “sociedad de la información”, como si fuera el gran progreso de la humanidad, cuando lo que se está produciendo es un “régimen de la desinformación” con grandes costos sociales y personales. La información es masiva y agresiva, se produce de forma abrumadoramente intensa y con un claro contenido lesivo, dirigido a desprestigiar, hacer daño o mostrar paradigmas violentos.

Es pues necesario animar a los jóvenes a la reflexión contra este modelo, facilitándoles medios de organización social. Pero no menos importante es mantener el recurso a la contestación dentro de los movimientos sociales, estimulando la creatividad y abriendo vías de organización en nuevas formas de economía que recuperen lo social y lo solidario.

Las organizaciones que se perfilan como alternativas a este modelo social y cultural dominante, deben hacer prevalecer el valor de la solidaridad y en lo que corresponde a esta ONGD la solidaridad tiene la fuerza de una percepción global. Es imprescindible alcanzar unos valores éticos entre los miembros de la organización y en sus relaciones con la sociedad, que se desenvuelva impregnada de la cultura y economía alternativa que hemos señalado. Esto exige también una observación y una vigilancia permanente de los aspectos de la Administración, la transparencia en la comunicación, la franqueza, la profesionalidad y la ética de una solidaridad de clase, principios ya formulados en el sujeto ético formulado en el el Código Ético (Ver “CODIGO ETICO” en la página de entrada de esta Web). Pero sobre todo mantener vivo el activismo práctico dentro de la organización (activismo es movilización de uno mismo, condición para una movilización general), invirtiendo tiempo propio en su construcción, el estudio e investigación de todo cuanto nos rodea.